LA CHICA TREN POSTER

Título original: The Girl on the Train

Año:  2016

Duración:  112 min.

País: Estados Unidos

Director: Tate Taylor

Guión:  Erin Cressida Wilson (Novela: Paula Hawkins)

Música:  Danny Elfman

Fotografía: Charlotte Bruus Christensen

Reparto:  Emily Blunt, Rebecca Ferguson, Haley Bennett, Luke Evans, Edgar Ramirez, Justin Theroux, Allison Janney, Lisa Kudrow, Laura Prepon, Lana Young, Nicole Bonifacio, Marko Caka, Danielle M. Williamson, Alexander Jameson, Sidney Beitz

Productora:  DreamWorks Studios / Amblin Entertainment / Marc Platt Productions

Nota: 0

Aún no nos hemos recuperado de INFERNO, de Ron Howard, ese inenarrable atentado al sentido común, cuando tenemos que volvérnosla a ver con otra torpeza proveniente del mismo abyecto manantial del que surten las aguas estancadas de aquel: las adaptaciones cinematográficas que, en su mayoría, tienen como sustrato calamidad la obligación de recomponer audiovisualmente un best seller, esa mayormente impostura literaria maquinada para ser pasto de supermercados del libro. En esta ocasión, LA CHICA DEL TREN, de Paula Hawkins. Para quienes hemos tenido la inoportunidad de esperarla en su andén, muy pronto nos apercibimos de que el excesivamente correcto Tate Taylor nada puede hacer para sucumbir ante el cúmulo de confusa gratuidad narrativa propuesto por el material prestado por aquella. Al final del trayecto, incluso se podría pensar si se ha planteado el esfuerzo de tratar de enmendar el previsible descarrilamiento: tanto su dirección como el guión de Erin Cressida Wilson atufan a raíl saboteado.  LA CHICA TREN 3

Tal y como ocurre en la novela, la película, narrativamente, apela al relato entrecortado, no lineal, profuso en vaivenes, tanto temporales como de puntos de vista desde los que son atisbados los hechos dentro de cada secuencia, puesto que, además, pese a que se pueda advertir de que la trama privilegia a uno de ellos, el entramado argumental convoca un protagonismo coral de varios personajes. En concreto de tres. Tres mujeres, en principio, enlazadas por la intromisión de uno de ellos en las disímiles existencias de las otras dos. Éste es el de la chica del tren a la que alude el título de novela y film: Rachel, una mujer con graves problemas de alcohol, destrozada por la dolorosa separación de su marido, que cada día, de camino a su trabajo, consume su tiempo dentro del tren que la lleva hasta él observando los quehaceres de los vecinos de las casas situadas cerca de las vías. Uno de esos días repara en Megan, una atractiva mujer rubia a la que mira a diario: la pilla enzarzada en una acción para ella sorprendente. A partir de ese momento, una serie de sucesos van a ir obligando a Rachel a inmiscuirse en los aledaños de Megan y, por lo tanto, de la vecina de ésta, Anna, la nueva pareja de su exmarido, que vive junto a él en la casa donde éste vivió con Rachel.LA CHICA TREN 4

El film, por un lado, va a narrar esos acontecimientos ocurridos tras la visión de Rachel, en especial, la súbita desaparición de uno de los personajes principales,  y, por otro, va a ir tratando de complejizar el relato mediante numerosos flash backs, en los que se referirán hechos pasados que, en su mayoría, atañen a el progreso de degeneración del matrimonio de Rachel y Tom: la imposibilidad de tener un deseado hijo, la caída en el alcohol de Rachel, las desavenencias consecuentes, etc. El problema de LA CHICA DEL TREN es que semejante acumulación de rupturas de la linealidad narrativa, en lugar de turbia tensión relatora , lo que generan es un severo estancamiento dramático,  dada, por un lado, la supina banalidad tópica con la que está despachados todos los personajes y, por otro, la onerosa gratuidad de la mayoría de ellos. Por lo tanto, el film, como relato de suspense fenece por la escasa virulencia de su conflicto y por la burda concreción del vector misterioso que pretende inmiscuir (¡esa investigadora policial más interesada en la vida sexual de sus investigados que en el esclarecimiento de los hecho!), y, como narración presuntamente pertrechada de una suculenta turbiedad ambiental, hace el ridículo abusando, en primer, de la distorsión vigilativa producida por la adicción de Rachel y, segundo, de una resolución escénica telefílmica hasta la náusea.

Taylor, literalmente, guillotina las, es cierto, improbables posibilidades del film, disponiendo una puesta en escena lánguida, previsible y efectista. Para colmo de males, se atreve incluso a caer en la onerosa trampa de traicionar al espectador mediante la incorporación de un flashback mentiroso. El devenir de los acontecimientos está trufado de providencias caprichosas, inverosímiles (la irrupción de Rachel en el hogar de Megan para poder conversar con el marido, la visita de aquella al siquiatra de ésta última, el hallazgo del móvil por parte de Anna, etc.), todas ellas acopladas sin el más mínimo atisbo de sosegada explicación. Pazguata, torpe, insufrible, LA CHICA DEL TREN es un puro descarrilamiento cinematográfico, que sólo merece llegar a la estación de nuestro más puntual desprecio.

 

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