Converso 1

Título original: Converso

Año: 2017

Duración: 61 min.

País: España

Director: David Arratibel

Guion:  David Arratibel

Música: Raúl del Toro

Fotografía:  David Aguilar

Reparto:  Raúl del Toro, María Arratibel, Pilar Aranburo, Paula Tellechea

Productora: Zazpi T'erdi / Filmotive

Nota: 8

Arrojo, modestia y beligerante sentido de la intimidad convertida en razonamiento revelado. Ninguna de estas tres facultades son escatimadas en  esta magnífica obra de David Arratibel. CONVERSO, desde la más inmisericorde honestidad, desde el más hurgado recato, propone un encuentro con el cine hecho dispositivo reflexivo, en el que la cámara del realizador se constituye como aliada de aquel en la ardua tarea de desenmascarar una revelación final, construida sobre un preciso amasijo de orquestadas subjetividades expuestas delante de ella. Arratibel traza, en apariencia, un sólido análisis sobre la irrupción de la fe cristiana en la actualidad. Sin embargo, el itinerario que va a ir definiendo la escrutación pergeñada, al tomar la decisión de no renegar de las aristas y las irrupciones incómodas no previstas, finalmente se da de bruces con una desconcertante, artera complejidad emocional e íntima.  Debido a esta sutil perentoriedad, el film concluye  amparando con delicada destreza un retrato sociológico que trasciende la acotante geografía de un ámbito meramente privado, emplazado con caustica y contagiosa cordialidad.

La propuesta de Arratibel es de una audacia, hoy en día, casi suicida. En CONVERSO el joven realizador convoca a su propia familia frente a la cámara. Se trata de que cada uno de ellos (sus dos hermanas, su cuñado y su madre), a preguntas de él, arrojen claridad sobre la particular historia que cada uno de ellos comenzó a definir con respecto al fortísimo convencimiento religioso que , en un momento dado de sus vidas, no siendo precisamente adolescentes, se apoderó de sus convicciones espirituales. Arratibel pregunta, el interpelado responde apoderándose de la atención prestada  por aquel, por la cámara, y, en consecuencia, por la mirada del espectador. La abrumadora y calma radicalidad del film la concretan la fluidez y la astuta profusión de insondables digresiones a lo previsible que el manejo por parte del realizador de estas tres instancias citadas asesta a la idea generatriz del proyecto. CONVERSO es muchísimo más que un provocador  “hablemos de religión”. Nos hallamos frente a un ejercicio cinematográfico que, de modo inasequiblemente disimulado, perfila una vasta y prolífera maraña de versatilidades semánticas.

Como ya ha quedado referido, el film avanza a golpe de declaración. Los miembros de la familia de Arratabiel (y él mismo al situarse dentro del encuadre,  como entrevistador y como  personaje escuchado) se exponen abiertamente a una serie de cuestiones. Sus respuestas son la materia sobre la que se sustenta el contenido del film. A través de ellas el espectador irá formándose una idea muy sincera de las convicciones religiosas de aquellos y, fundamentalmente, tomará buena cuenta del relato que ellos mismos hacen del proceso personal que les ha llevado hasta su entregada y convencida asunción de los postulados católicos: desde su total desafecto por el arraigo del sentimiento religioso hasta la natural confesión de su inaplazable entrega a la ortodoxia cristiana.

Tenemos, por lo tanto, a un grupo de interlocutores emplazados a dar la versión de la historia de su particular encuentro con la fe, esto es, con la prueba irrevocable de la existencia de Dios. Sin embargo, CONVERSO supera esta presunta vocación meramente expositiva y polifónica para, poco a poco, ir sugiriendo un nivel de significación globalizante, no concreta, estimulado sobre el análisis de las distintas interdependencias que quedan emplazadas, siempre, desde tiempo inmemorial, se quiera o no reconocer, dentro de ese núcleo fundacional que es toda familia. El hecho de que el propio director pase a ser encuadrado provoca una serie de reacciones que superan la temática central, sumergiendo a la deriva del trazado confesivo dentro de un planteamiento biográfico no esperado. Se emplazan quejas no previstas. Se proclaman incomprensiones anidadas en la recámara de lo no dicho durante largo tiempo. Se clarifican posicionamientos pretéritos. Se aclaran enigmas no expresados que, a su vez, generan otros nuevos que, de modo osadamente avispado, quedan suspendidos sin que se deje entrevea intencionalidad por parte del director de escrutarlos con el mismo interés que el amparado por su búsqueda central.

El film es un dechado de radicalísima espontaneidad. En ese sentido sólo cabe congratularse por el arrojo y la complicidad regalados por su familia, en especial, por su hermana mayor, auténtica apisonadora verbal del film, que se constituye en todo un dechado de insólita pureza mostrativa, causticidad, franqueza y convencimiento. Arrativel exhibe un brillante uso del montaje al permitir en el film que ve el espectador ciertas licencias formales que abundan en esa noble sensación de inmediatez reveladora: miradas a cámara, avisos personales del tipo “esto no lo incluirás”, planos en los que queda inscrito el improvisado plató cinematográfico… pequeños detalles inscritos que enriquecen la propuesta alejándola, como ya hemos indicado, de una escueta yuxtaposición de declaraciones biográficas.

De alguna manera Arratibel es consciente de que la búsqueda prevista arroja unas iluminaciones, unos destinos, unas conclusiones ignotas hasta para él (los reproches sobre el aislamiento sufrido, las menciones a la figura paterna). El dispositivo explicita, por tanto, esa conciencia tambaleante, incierta y eventual, inherente a todo proceso de conocimiento. CONVERSO transforma su desinhibida naturaleza departiente en una validísima lección de hallazgo metacinematográfico.  En ella, el mecanismo cinematográfico queda sancionado positivamente como hábil instrumento para la indagación: la definida por la intención de partida y, acaso la más opaca e interesante, la que surge, impensada, al rebujo de ese planteamiento. Un film tan fresco, como iluminado de compleja sinceridad.

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