FOXES IN THE SNOW
JASON ISBELL
Southeastern
Nota: 6.5
Comentario:
Lo primero que salta a la vista en Foxes in the snow de Jason Isbell es la voluntad por recuperar esa tradición narrativa country que iniciaran mitos como Hank Williams o Woody Guthrie y continuaran Pete Seeger, el primer Bob Dylan o el Bruce Springsteen acústico. Es decir, canciones de estructura simple, pensadas simplemente para guitarra (con arpegios, patrones y rasgueos) y voz, en las que se cuenta una historia cualquiera, más o menos profunda, reflexiva o de temáticas sociales. Esto está muy bien si se tiene algo valioso que contar, pues los parámetros están muy definidos y dan poca cabida a la variación. En este caso, el interés se desvanece rápido. Si, anteriormente, contaba que Tamino compensaba sus carencias mediante los elementos musicales y su lírica, en el álbum presente no ocurre lo mismo. Aun así, existen ciertos aspectos que salvan a este trabajo del desastre.
Bury me empieza a capella, como si se tratase de un cántico gospel. Para la segunda estrofa la guitarra ya se ha incorporado. La temática es country en el sentido natural y silvestre de la palabra, mientras que la progresión de acordes es la clásica 1-4-5. Ride to Robert’s contiene un patrón de arpegios tocados con los dedos meritorio. Eso sí, la voz nasal de Isbell no está a la altura y, con lo que dura esta pista, se hace reiterativo. Por otra parte, Eileen es una canción solvente de desamor, tema recurrente a lo largo del disco. Quienes están al tanto de la vida personal del artista dicen que es por su reciente separación, mas dejemos actuar a ese desdoblamiento intrínseco a los cantautores; el narrador, el yo poético no tiene por qué ser la misma persona que el autor.
En otro orden, Gravelweed habla del cambio y el desarrollo personal. Don’t be tough, por su parte, sugiere un contraste en lo que al contenido se refiere, pues, a juzgar por la letra, supone un divertimento, una composición bufa, como se dice en la ópera, cuyo arpegio es agradable de escuchar. Open and close está construida bajo la misma técnica guitarrística. Además, armónicamente, es más interesante, y vuelve a la tendencia narrativa expuesta. De todas formas, recuerda a esas canciones que suenan en una película romántica cuando el/la protagonista atraviesa una crisis personal y conduce, reflexivo, por la noche de vuelta a casa. El siguiente corte, el homónimo, tampoco pareciese que hay que tomárselo muy en serio (en el buen sentido). Se trata de una canción de amor paródica. Y la labor de Jason con las seis cuerdas es muy buena.
Crimson and clay, carmesí y arcilla, es, sin duda, la mejor canción del disco; una reflexión, más bien nostálgica, de la relación con su estado natal, Alabama. Neil Young y Lynyrd Skynyrd han escrito muy buenos temas al respecto, y éste no se queda atrás. Va desde lo más particular (la soledad del narrador, sus problemas con el alcohol) a lo colectivo (el incendio de Arkansas, limítrofe con Alabama). Good while it lasted, por otro lado, vuelve a lamentarse por una separación. Si en éstas dos se optaba por el rasgueo, los últimos dos cortes vuelven al arpegio. True believer aporta el punto de vista del yo poético sobre una ruptura (él era quien creía en dicho proyecto vital), mientras que Wind behind the rain es un track monótono de amor, con lenguaje soez (algo que ya se ha oído en otros dos temas previos). La parte de la guitarra, sin embargo, está bien ejecutada.
En definitiva, Foxes in the snow es un álbum decepcionante. Con momentos valiosos, sí, pero que no son suficientes para catalogarlo como una gran obra. El gran desempeño con la guitarra que hace el alabamiense se ve eclipsado por su pobre trabajo vocal; empuja mucho aire al cantar y su voz, como se ha dicho, es demasiado nasal. A los incondicionales del country puede que les convenza, ahora bien, si son exigentes en cuanto a las letras, ya que no pueden serlo con la música, es probable que ni les satisfaga.