Elle Poster

 

Título original: Elle

Año:  2016

Duración: 130 min.

País:  Francia

Director:  Paul Verhoeven

Guión: David Birke (Novela: Philippe Djian)

Música:  Anne Dudley

Fotografía:   Stéphane Fontaine

Reparto:   Isabelle Huppert, Laurent Lafitte, Anne Consigny, Charles Berling, Virginie Efira, Lucas Prisor, Christian Berkel, Alice Isaaz, Jonas Bloquet, Vimala Pons

Productora:  Coproducción Francia-Alemania-Bélgica; SBS Productions / Entre Chien et Loup

Nota: 9

El año pasado un cineasta octogenario vino a dejar patas arriba la platea internacional mediante una obra que, de instantáneo, sin que el tiempo por ocurrir tenga que dirimir la fiabilidad de su transcurso, se convertía en su auténtica cumbre creativa. En ella, el astuto veterano sabía imponer, certero como nunca,  la adrenalítica tensión narrativa que requería el producto, asestando un brutal golpe maestro de solidez, atrevimiento, ritmo, capacidad de detalle, ansia renovadora de toda su filmografía y del género aventurero contemporáneo, precisión en el montaje, dirección de la actriz principal extrayendo de ella la modelación de un personaje femenino absolutamente inolvidable y, sobre todo, de esencialidad y pureza cinematográficas imbuidas de citaciones fílmicas afiladamente apropiadas en beneficio de su personalísima narración.Elle 2 La película se llamaba MAD MAX: FURIA EN LA CARRETERA. El tipo que la enmarcó, George Miller. Pues bien, este 2016 también tiene tipo con muchas décadas de experiencia tras la cámara, llegado con obra cumbre para la pantalla a demostrar que el tiempo no supone menoscabo alguno para el afán de perfecta depuración pergeñativa. La perfección se llama ELLE. El tipo que la ha ejecutado, Paul Verhoeven.

El autor de DELICIAS TURCAS, DESAFÍO TOTAL o INSTINTO BÁSICO no había regresado a su oficio desde la notable EL LIBRO NEGRO, una obra con la que conseguía, por un lado,  librarse del lastre que había supuesto el final de su periplo norteamericano con la decepcionante EL HOMBRE SIN SOMBRA y, por otro, de alguna forma, volver al cine de presupuestos más modestos en el que,  hasta marcharse a Hollywood para hacerse cargo de la famosa ROBOCOP, había conseguido labrarse una fama de cineasta incomodador, desprejuiciado y muy genuino a la hora de dejar una impronta carnalmente personal en todos sus proyectos, fuere cual fuere el género o clase de film. Para Verhoeven el cuerpo de sus personajes es algo más que la estructura orgánica que los sostiene y siempre se ha mostrado encantado de asumirlo como un terreno abonado para el escrutamiento, para el ardor, para la intimidación, para la viveza zahiriente, para el flagelo alumbrador.

Elle 3En el caso que ahora nos ocupa el cuerpo castigado es el de Michèle, una exitosa mujer de negocios, propietaria de una empresa creadora de violentos  videojuegos  de combate. La deslumbrante primera escena pone bien a las claras que Verhoeven no quiere perder ni un segundo con respecto al escarmiento para ella meditado, con respecto, por lo tanto, a la imposición de una laceración desde la que urdir todo el planteamiento narrativo (lo que suponía el cuerpo destrozado del agente policial que protagonizaba ROBOCOP): un plano en negro abre el film; superpuestos sobre él, los sonidos de una queja, de un lamento dolorido. Cuando el plano oscuro desaparece, aparece el plano de un gato que, impertérrito, se propone  en calidad de testigo del acto terrible que la cámara no muestra. Pronto veremos el cuerpo de una mujer tendido en tierra, mientras un hombre se viste delante de ella tras haberla violado.

A partir de ese momento, todo en ELLE va a quedar supeditado, sibilina y serenamente, al siempre turbio itinerario de lo interrogante, lo imprevisible, lo que va a servir para sancionar a las reacciones del personaje central como trasunto de un enigma siempre pétreo, siempre inquietante. Buen ejemplo de ello es la inmediata reacción de Michèle de no exclamar, no denunciar la bárbara acometida sexual cometida sobre su menudo cuerpo en el comedor de su casa en Nantes. El guión escrito aprovechará ese silencio para liberar a la historia de la obsesión meramente policial previsible: es decir, situar como único polo de interés las decisiones y estrategias que va a ir concluyendo Michèle para elucidar la identidad del hombre que ha abusado de ella.Elle 4 De modo asaz inteligente, sardónico, conformado,  arduo y envenenadamente divertido, el filón mejor explotado por esta decisión de no centrar la narración en torno a esa vicisitud esclarecedora resultará el entorno familiar y de amistades más cercano a aquella.

De esta forma, asistimos a toda una inusitada experiencia fílmica, en la que comprobamos cómo el realizador, plegándose a los protocolos de la comedia de costumbres más adocenada, asumiendo la cínica mordacidad observativa de un Claude Chabrol en su mejor momento de forma, sabe adaptar su propia particularidad escudriñadora a las necesidades de un relato que, en sus manos, poco a poco, irá redescubriendo una nueva, aguda y perseverante dimensión. Verhoeven aplica a su protagonista y al resto de personajes secundarios la disciplina desmenuzadora, instigante e impúdica  que David Lynch dispuso para su mítica serie TWIN PEAKS: esto es, la intriga narrativa como excusa para el desmantelamiento de interior , para la búsqueda del otro lado del espejo de todos aquellos que participan en ella

Elle 5Los recovecos de la búsqueda emprendida por la historia alrededor de las zonas oscuras de una mujer con muchos alfileres escondidos en su sexo denigrado serán igual de impíos con las relaciones que ésta mantiene con su madre, con su hijo, con la novia de éste, con su mejor amiga, con su amante, con sus vecinos y con algunos de los jóvenes trabajadores de su empresa.  A todos ellos se les brindará la ocasión de mostrar su fiebre, su trastorno, su estigma. El catálogo de puntos de interferencia es mayúsculo, pero en todo momento prima una absorta transparencia relatora, cuyo eje, evidentemente, será la mirada agredida, no consternada, inteligente y borde de la protagonista.  El retrato de Michèle será tan pormenorizado como impío, tan entusiasta como demoledor: finalmente, ELLE viene a proponerse como una retorcida, malévola, selecta y vitriólica reflexión sobre el deseo y el oscuro entramado de agitaciones que lo espolea. Michèle calla, indaga y maquina en tanto que cuerpo convulsionado por un placer/dolor que principia en un acto de violencia villano. Ella decidirá arrogárselo cual gatillo para el disparo de un íntimo gozo jamás verbalizado.

Desde ese punto de vista, sólo cabe aplicar un calificativo a la forma en la que Verhoeven resuelve la pasmosa sencillez requerida por este cúmulo de complejas incomprensiones, de aviesas desobediencias y de pasados intransigentes: éste es el de magistral. Da la impresión de que ELLE es el film que este desconcertante deslizador de rebeldías y malestares ha estado esperando toda su vida para demostrar su portentoso talento para la provocación con causa y bajo el control del momento adecuado para ser impuesta. Escenas como la del cierre de las contraventanas, como las del hospital con su madre, como la de la cena de Navidad, como las de las agresiones o como la que mantiene Michèle (sublime Isabelle Huppert) con su vecino para contarle un terrible relato de hechos pretéritos dan buena cuenta de la punzante contención mediante la que el autor de STARSHIP TROOPERS resuelve el dilema de enfrentarse a un tipo de relato bien alejado del que pudiera parecer para él idóneo,  apresurándose  a ejecutarlo con el aplomo y la inquina exigidos por este ávido y encrespado retrato de dama con beligerancia en el deseo al fondo.

 

 

 

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