Long And Happy Life

La rusa A LONG AND HAPPY DAY degrada su potencial en el último tercio y VIC + FLO SAW A BEAR convence con su premeditada extrañeza.

A LONG AND HAPPY DAY, de Boris Khlebnikov

Nota: 5.5

Dotada de un intersesante planteamiento dramático, A LONG AND HAPPY DAY, del ruso Boris Khlebnikov, adolece de esa lastrativa rémora tan profusa en esta clase de ejercicios de talante reivindicativo y moral que es el estancamiento narrativo toda vez que el dilema medular ha sido explicitado. El film de Khlebnikov presta una muy procelosa atención a la presentación del conflicto central, pero a continuación permite que la pegada definitiva quede convertida en amago al no ser consciente de ciertas premuras larvadas en el guión.

La película nos traslada hacia un remoto y desconocido paraje del norte de Rusia. Concretamente a una pequeña población de la Península Kola. Allí vive Sascha regentando una granja agrícola. Nada más empezar el film, mediante una conversación con dos superiores advertimos que el joven encargado va a ser sometido a una inesperada e injusta acumulación de distintas presiones. 

Los dos superiores le comunican que, a cambio de una importante suma de dinero compensatorio,  debe abandonar la regencia de la granja, pues para esos terrenos ellos tienen otros planes. El se revela argumentando que la granja le pertenece. Los otros dos le espetan que su propiedad sólo tenía el compromiso de un choque de manos y que, obviamente, éste no vale nada. A esta agria contingencia se le une la frontal oposición de sus operarios que le convencen para que plante cara a la grosera ocurrencia superior.

Las primeras secuencias del film permiten albergar muchas esperanzas sobre la pujanza de éste. El realizador se muestra muy preocupado porque la encrucijada de coacciones que van a ir asaetando el noble itinerario intencional de Sacha quede perfectamente definido. Khlebnikov lo consigue pues sabe adherirse a la emergencia de éste haciendo que la especialísima humildad geográfica dentro de la que están enmarcados los hechos abunde en la pureza de carácter que define a Sacha. 

Éste queda pincelado astutamente como el héroe acorralado por la sinrazón acechante de los posicionamientos de todo el resto de personajes. La alargada sombra de un western contemporáneo,  trasladado a un paraje concreto, aislado, pululado de gente humilde empeñada en sacar su vida hacia delante, afirmando su voluntad de quedarse en la tierra que trabajan, y en el que los roles personales están muy definidos,  abunda, como ha quedado dicho, en que esa primera parte del paraje resulte muy alentadora.

Por desgracia, la poca sutilidad en el cambio de postura de los empleados de Sacha da al traste con las expectativas generadas. El film se precipita contra un encadenado de resoluciones que pierde la verosimilitud lograda hasta ese momento. Khlebnikov sigue demostrando unas buenas dotes observativas, pero la historia no le acompaña en esa perseverancia, por lo que el interés de la película decae, sin que una formidable escena de cierra sea capaz de recuperarlo a la franqueza del principio.

GLORIA, de Sebastián Lelio

Nota: 8.5

GLORIA, de Sebastián Lelio, es de esa clase de films protagonizados por un personaje central omnipresente en todas las escenas del mismo y que, por lo tanto, vale lo que la determinación en el acercamiento, descripción y posterior desarrollo de las inquietudes personales que deberá ir revelando. Son films con la apuesta jugada a una sola carta, en la que ésta no puede permitirse el lujo de fallar, pues no hay más andamiaje soportador que el de su medular prestación ubicua. Admirablemente, GLORIA cuenta con él. En este caso, con ella: con la magia seductora de una mujer a través de la cual el director nos propone esa carísima aspiración que es la recreación de un grandioso trocito de vida.

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El film es la jugosísima radiografía de una mujer que por encima de todo se encarama a un descarado positivismo . Gloria sabe a ciencia cierta que, a lomos de sus consciente y lúcido carácter, no debe de cesar en ponerle cotos a su existencia, toda vez que hace más de diez años que se divorció de su esposo, que sus dos hijos ya tienen encauzada su cotidianeidad fuera del hogar materno, y que  se halla en  esa plena madurez que ya atisba algún que otro ocaso. 

Gloria dispone de un trabajo que le reporta una buena independencia económica, vive en un piso en el que tiene contratada a una señora que le hace las labores del hogar, le gusta beber y es asidua a ir a salas de fiesta a las que acuden solteros y solteras de su edad. En una de ellas conocerá a Rodolfo, un hombre algunos años mayor que ella que caerá rendido de inmediato a los encantos de Gloria. Ambos comenzarán una relación que tendrá su primera dificultad cuando ella cae en la cuenta de la extrema dependencia que Rodolfo tolera en su vida soltera de su exmujer y de sus dos hijas adolescentes.

La excelencia del film, como podrá sobreentenderse, no la origina el argumento. Ni mucho menos. Aquella se cuaja en el modo con el que Leilo aprehende la autosuficiente  y compleja confianza en sí misma que evidencia desde la primera escena la buena de Gloria. El joven realizador chileno logra exhibir con una naturalidad pasmosa la luminosa, incansable, serena y activa habitualidad de su protagonista. Su puesta en escena se obsesiona limpiamente en cederle a ésta todo el espacio y el tiempo necesarios para que la frescura dramática que va a ir cociendo la historia emerja con plenitud sin que medie aspaviento, ornamentación o estridencia alguna.

Apuntes como las canciones que escucha en su coche o baila en el salón de fiestas, como los problemas con su vecino de arriba, como la cauta relación que mantiene con sus vástagos (excelentes la secuencia del cumpleaños del hijo y la de la despedida en el aeropuerto: soberbio el plano en el que ella contempla a su hija sin imbricar el contraplano de ésta), como sus conversaciones con la señora que le arregla la casa, como la insólita y reiterada aparición del gato más feo del mundo y, sobre todo, el excelente tino observador para perseguir el desarrollo evolutivo de su relación con Rodolfo (estremecedor el perfil que va a ir emergiendo de éste, en tanto que hombre acorralado por el deseo de mantener la felicidad que le regala Gloria y por la imposibilidad manifiesta en aminorar el egoísmo persistente de su familia –gran apunte que ésta no aparezca nunca-) permiten que hablemos de una película mucho más honda, complicada y espinosa de lo que parece.

Claro está, resulta del todo imposible no hacer mención al impresionante registro actoral de los dos actores protagonistas. Sergio Hernández impone sin afectaciones la cómica y frustrante tesitura que padece su personaje. Y la gran Paulina García sólo merece un adjetivo: el de memorable. Gloria vive, existe,  es Paulina García y  la fogosa generosidad de  la pureza con la que la hace desenvolverse dentro del plano. La intérprete acorrala al personaje asumiéndolo con una confianza, una abertura, una valentía y una espontaneidad estremecedoras, logrando que esa franqueza no decaiga ni en los momentos más hilarantes ni en los más dramáticos, ni en los más serenos ni en los más beodos.

Desde la extrema seguridad que define su trabajo, el realizador hace partir el itinerario narrativo y emocional a esta deslumbrante muestra de libérrima sencillez cinematográfica.

VIC + FLO SAW A BEAR, de Denis Côté

Nota: 7

Extraña y no exenta de interés llega la propuesta del canadiense Denis Côté. VIC + FLO SAW A BEAR hace virtud de la premeditada indefinición con la que está concebida y ejecutada. La película rezuma una aspereza mostrativa extremadamente afilada, debido a la extrañeza de la situación de partida, a las características de los personajes principales, a la radical importancia escénica que la cámara del realizador concede a la demarcación espacial en la que conviven éstos y, fundamentalmente, a la deliberada vaguedad con la que está resuelta la revelación de algunos importantes datos.

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El film arranca con la llegada de Vic, una mujer con más de cincuenta años de edad, a un apartado refugio,  sito en un bosque canadiense bastante alejado de un recinto urbano. El refugio es propiedad de un tío suyo, ya anciano, que padece una parálisis total en buena parte de su cuerpo, por lo que permanece postrado en una silla, sin poder hablar, y siendo cuidado por unos vecinos. Pese a la contrariedad de éstos, Vic les dice que ha llegado allí con ánimo de instalarse y cuidar de su tío. 

Vic acaba de salir de la cárcel. Debe estar sometida a la vigilancia casi diaria de un agente policial. Pocos días después hasta allí llega Flo, la pareja de Vic. La extremada soledad del recinto no ayudará a que la relación entre ambas sea cordial. Una extraña mujer que dice ser jardinera comenzará a merodear por los aledaños.

La película fundamentará buena parte de su desarrollo girando en torno a la dificultosa, agria, apasionada y desapacible relación de las dos mujeres. El seguimiento a ésta permite que la descripción que va emergiendo de ambas sea tan ruda y destemplada como ellas.  De ahí que el perfil resultante sea tan abundante de asperezas como pacato de ternuras. La película presta muy pocas comodidades al espectador que la contempla.

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El radical planteamiento discursivo privilegiado por Côté provoca que las (pocas) acciones exhibidas queden aplazadas hacia un lugar segundo lugar, pues lo más importante será los distintos enfrentamientos verbales que van a dilucidarse entre todos los personajes: los dos principales y también todos los secundarios. Cuesta creer que el material escrito no provenga de una obra de teatro. El realizador, además, introduce buenas dosis de ironía, de destemplanza y de extrañamiento contemplando de modo significativamente impávido cada una de las irascibles incertidumbres verbalizadas o expuestas. 

Desconcertante, ambigua, firme en lo difícil de su catalogación, a VIC + FLO SAW A BEAR le pesa la forzada vaguedad de su arranque. A la propuesta no le es fácil encauzar la antipatía que generan sus criaturas. Es un film que, de forma evidente,  va de menos a más, en el que los claroscuros del pasado de sus protagonistas van a imponer una amenazante factura. Buena prueba de ello es su soberbio desenlace.