Chyra W Imie

Shia Leboeuf derrapa en su intento por reorientar su carrera.

IN THE NAME OF, de Matgoska Szumowska.

Nota: 7

Arriesgada propuesta polaca ésta que nos trae la realizadora Matgoska Szumowska, pues decide hurgar en uno de esos temas de raigambre colectiva tan lacerante como secreta: la homosexualidad dentro del estamento eclesiástico, la traumática negación secular a la evidencia de las demandas inherentes al ser humano. Lo primero que cabe decir de la propuesta mediante la que se intenta tomar cartas en el asunto de tan peliagudo propósito es que Szumowska, afortunadamente, ha logrado evitar la caída en esa esplendente falsedad indagativa que es el morbo. IN THE NAME OF es un film pergeñado con procelosa cortesía y con verosímil capacidad escrutativa.

El film nos traslada a la Polonia más ignota, a los confines rurales de un país de acreditado fervor católico. En un pequeño pueblo agrícola imparte su cometido espiritual un joven párroco desde no hace mucho tiempo. Entre sus ocupaciones diarias se halla la de estar al tanto de un grupo de adolescentes conflictivos que viven en una estancia vecina a la suya, evitando el regreso a un reformatorio más severo. El padre Adam, muy pronto se pone en evidencia, es homosexual. Su fijación por un joven vecino del pueblo que trabajo junto a sus pupilos en una obra comenzará a crearle problemas.

IN THE NAME OF tiene la virtud de atacar el tema central que la impele de forma frontal, sin tapujos, pero también de modo contenido, obviando explicitaciones morbosas. La realizadora acierta aprestándose  a que el tono primigenio, rudo, desarraigado del entorno en el que están enmarcados los hechos se inmiscuya en su concatenación.  El film depara una narración muy naturalista, cercana a los personajes que convoca, y que, al mismo tiempo, sabe ir acorralando la encrucijada moral y ética impuesta por el protagonista. La ausencia de alharacas estridentes abunda en esa férrea imparcialidad mediante la que la realizadora trata de ahondar en el conflicto adherido al personaje principal. 

Lástima que en el tercio final la película opte por desvirtuar un tanto su potencialidad al imponerse en la narración una deriva un tanto sorpresiva en el desenlace. Éste peca de impostura y obliga a un forzado encadenamiento de búsquedas finales que no cuadran con la cuidada transparencia con la que se nos han mostrado los hechos hasta ese momento.  Con todo, IN THE NAME OF se revela como un film pergeñado con nítida honestidad, en el que se pone de manifiesto la incongruencia de ciertos mandatos a todas luces desfasados, hipócritas y contraproducentes.

GOLD, de Thomas Arslan

Nota: 1

La apuesta más importante del cine germano en esta edición ha resultado verdaderamente lamentable. GOLD se quiere un relato aventurero con hechuras de western naturalista postmoderno, pero termina convertido en una plomiza reiteración de monigotes a caballo en busca del más rubito de los metales. Una lata de dimensiones desquiciantes.

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La película narra la improbable caravana de anhelantes buscadores de oro que integran un grupo de alemanes alertados sobre la noticia del hallazgo de pepitas doradas en los ríos de un inhóspito, lejano y peligroso paraje de Canada. Finales del siglo XIX. La cosa ha de ser a caballo y sorteando mil y unas dificultades físicas y geográficas. En principio, aunque lo de ver a un grupo de germanos a caballo hablando en inglés con los indios de la región suene un poco a cachondeo centroeuropeo, nada que objetar al meollo argumental de la cuestión. El problema de GOLD es el modo en el que la papeleta buscadora ha sido resuelta por el escasito director.

El film no vale ni como acercamiento al western, ni como relato de aventuras, ni como apropiación contemporanizante de estilemas propios del género, pues el naufragio del espanto se cimienta en un monótono guión que desprecia el retrato psicológico de los personajes, la verosimilitud de los acontecimientos, las posibilidades del film como relato de una aventura abruptamente existencial, y que para colmo de dejaciones parece dejar su responsabilidad en la capacidad del realizador por encuadrar geográficamente la plúmbea concatenación de paseítos a lomos de caballo. 

A lo mejor en manos de otro experto la hecatombe del desahogado material escrito para el evento borriquitero entre montañas y ríos hubiera podido ser evitada, pero el tal Arslan tiene la aptitud para la narración igual que un caballo aliviado  de su cojera con un tiro en la sien para correr en las carreras de Ascot delante del sombrererío aristócrata. 

Una y otra vez el mismo plano largo encuadrando la marcha, una y otra vez intentando remarcar la presunta modernidad de su apropiación mediante unos cansinos rasgados de guitarra, una y otra vez abusando del plano de conjunto con la hilera de caminantes del  Gold Camino: como si la cámara la tuviera el muñequito de las pilas Duracel y éste no supiera hacer más que lo que le dicta el automatismo. Ni un solo atisbo de profundidad dramática, ni de tensión escénica, ni de integración subjetiva de los personajes con el entorno… pura comodidad monótona y, por lo tanto,  empachante. Por mucho que juegue en casa,  al alemán le caen las tres “pes”: plano, plomizo y petardo.

THE NECESSARY DEATH OF CHARLIE COUNTRYMAN, de Frederik Bond

Nota: 3

Obra del debutante sueco Frederik Bond, THE NECESSARY DEATH OF CHARLIE COUNTRYMAN, se nota al minuto uno de la proyección, viene a configurarse como el vehículo para la intentona de su protagonista masculino de dar un significativo giro a su carrera. Parece ser que,  harto de sus alimenticias interpretaciones metálicas para productos tipo TRANSFORMERS, Shia Labeouf ha decidido reorientar su trayectoria interpretativa incorporándose a proyectos diametralmente opuestos a los que nos ha venido acostumbrando. Fruto de ello, faltan muy pocos meses para que, por ejemplo, veamos lo que ha hecho con su corporeidad Lars Von Trier en su esperada THE NYMPHOMANIAC.

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Antes de ésta, no obstante, hemos tenido la oportunidad de ser testigos del primer resultado de esta nueva reconducción profesional. Sí, es cierto, se percibe claramente que el film no tiene nada que ver con las megaproducciones en las que ha entrometido su careto, pero también es verdad que o elige mejor el vehículo dentro del que evidenciar esa evolución o su carrera se va directita a la fundición a la que van a licuarse los transformers desguazados.

En THE NECESSARY DEATH OF ANDY COUNTRYMAN se da la explosiva confluencia de dos carencias  imposibles de disimular: de un lado,  la bisoñez incontrollable de un debutante que proviene del campo de la publicidad y la videocreación, y, de otro, la pedrada en la frente de un guión a todas luces imposible de levantar audiovisualmente. La película, por lo tanto, muy pronto se antoja tarea de muy lastimosa contemplación, pues el espectador no tiene asidero al que aclamarse. Ni la historia tiene coherencia, ni la dirección es capaz de aportar un mínimo de firmeza cabal con el que acomodarla si quiera a ráfagas.

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El film narra en primera persona la estrafalaria peripecia de Andy, un joven cuya madre acaba de morir de cáncer y que, por orden del espíritu reclamado de ésta, decide despalazarse a Bucarest con el ánimo de vivir una nueva experiencia vital. En el vuelo, la palma su compañero de asiento y la reencarnación de éste le ruega que vaya a ver a su hija en la capital rumana.  El contacto se produce y Andy cae perdidamente enamorado de ella al instante sin saber que es la exesposa de un violento mafioso que no está dispuesto a que Andy  se la arrebate.

Dadas las premisas citadas con anterioridad, no resta decir más que la película es un morrocotudo, insoportable y cansino disparate sin gracia ni tino. Como comedia enloquecida o de acción es simplona y lacia, como film de misterio gansteril es un chiste malo, y como ejercicio sentimental es atropellada y boba. Para colmo de males el remate de la faena es un final forzado, tramposo y barato. Lo dicho, si Shia Labeouf pretende enderezar su rumbo que se compre una brújula.

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