Compartimento 1

Título original: Hytti nro 6

Dirección: Juho Kuosmanen

Guion: Andris Feldmanis, Juho Kuosmanen, Livia Ulman

Fotografía: Jani-Petteri Passi

Reparto: Dinara Drukarova, Yuriy Borisov, Seidi Haarla, Vladimir Lysenko, Dmitriy Belenikhin

Nota: 8.2

Comentario crítico:

Considerados como el antecedente de los símbolos previos al nacimiento de la escritura humana, los petroglifos vienen a ser, por lo tanto, una antiquísima representación gráfica, grabada tanto en rocas como piedras. Forman un nutrido grupo de grabados rupestres al aire libre que poseen una simbología compleja, de significación muy difícil de descifrar. Hay unanimidad entre los especialistas sobre dónde situar su remoto origen temporal; este se sitúa en el Neolítico. En la actualidad existen numerosas muestras de ellos, puesto que han sido encontrados en todos los continentes de nuestro planeta.Compartimento 2

Uno de los yacimientos más completos e interesantes de esta curiosidad gráfica milenaria se halla en Múrmansk, una ciudad portuaria rusa situada en el extremo noroeste del país. Un tren con rumbo a esa capital lapona actuará como receptáculo espacial cardinal, dentro del que tendrá lugar el encuentro entre personajes sobre el que bascula la concatenación de acontecimientos narrada en COMPARTMENT Nº 6, la nueva y esperada entrega de Juho Kuosmanen, una impecable disección sobre la enigmática complejidad que supone siempre la indescifrable atracción que un ser humano puede a llegar a ejercer sobre otro, aún con las afinades selectivas completamente en contra. El afecto humano y sus piedras seminales; tan pretérito, tan imposible de ser dilucidado, tan petroglifo…

El joven realizador finés, creador de esa más que notable sorpresa que supuso un film inhalado con la atónita sensibilidad de EL DÍA MÁS FELIZ EN LA VIDA DE OLLI MÄKI, propone un bastante parco listado de elementos, a partir del cual generar un entramado argumental suficiente para un largometraje: dos personajes casi únicos, un tren y un itinerario ferroviario. El azar en principio nada placentero suscitado entre dos pasajeros obligados a emprender juntos un largo trayecto, al que no cuesta nada intuir una convivencia en modo alguno afable, dadas las evidentes diferencias de caracteres habidas entre ambos, podría hacer pensar que la película se apresura en acomodarse sobre los temibles raíles de la comedia sentimental basada en el clásico esquema de la confrontación de personalidades repelidas, disímiles, carne de disputa.Compartimento 4

COMPARTMENT Nº 6 sabe desenvolverse para, por un lado, adoptar ese protocolo de beligerancia entre opuestos llamados a conciliar un punto de encuentro emocionalmente ilusionador y, por otro, sin mediar retórica extravagante alguna, menoscabar ese formulismo de peajes esperables, apurando al máximo las tan escasas como ariscas, malhumoradas (y por ello atractivas) concreciones preliminares convocadas para la ocasión. El film emplaza un punto de vista desabrido, solitario y retraído, nada impostado. Desde esa atalaya de aislamientos arrostrados y fríos exteriores repele la más mínima posibilidad de caer en la tentación del corsé románticoide.

La primera de esas cruciales concreciones preliminares viene conformada por la especificidad espacial que condiciona ambientalmente al film casi desde su inicio: la inhóspita, indescifrable, ceñuda y metereológicamente virulenta geografía rusa por la que se adentra el tren en el que han de convivir los dos personajes centrales. Tanto el paisaje atisbado desde la ventanilla del camarote como el que se ven obligados a transitar en sus distintas paradas no hace sino acorralar a los protagonistas dentro de esa cárcel de inclemencia que es el puro invierno en ese confín. Kuosmanen convierte esta crueldad de gelidez colérica en marco condenatorio, en severa dificultad añadida, en correlato climático de la tirantez habida entre los dos protagonistas.Compartimento 3

La segunda la impone la estrechez traqueteante del camarote en el que estos coinciden. El realizador se apresura con habilidad a transmitir lo incómodo y angosto de ese habitáculo en el que apenas tarda en evidenciarse las no pocas asperezas consecuentes a las insalvables diferencias de personalidad existentes entre ellos. Los encuadres escogidos, siempre atentos a las distintas reacciones de ambos, proponen un acercamiento de cariz prácticamente pugilístico, que, durante toda la primera parte del film, otorga al espacio la asepsia plomiza, el contrariado desagrado de una celda penitenciaria, en el que sus dos ocupantes no saben asumir su transitoria condición de reos con destino final en la “siempre” cálida, retozable y paradisíaca Laponia

Y en tercer lugar, claro está, tratándose, como ha quedado dicho, de un entramado ficcional vertebrado en torno al careo continuado de sus dos casi únicos personajes, cabe situar a la espléndida caracterización que el guión del film se preocupa mucho por adecuarles. Ella, Laura, una estudiante universitaria finlandesa afincada en Moscú, que emprende el viaje porque quiere visitar los petroglifos de ese paraje del círculo polar ártico. Él, Ljoha, un minero ruso, que se traslada allí por trabajo.Compartimento 5

La narración se adecua casi en su totalidad a la mirada impuesta por Laura, un personaje al que el viaje, inesperadamente para ella, no sólo le va a suponer el cumplimiento de un interés arqueológico cumplido, sino la dura decisión personal de un compromiso afectivo al que va a tener que, contra su voluntad, dar súbito carpetazo. Ella acude sola al tren cuando su plan era hacerlo con su pareja, una mujer que no muestra el mismo interés que ella por mantener viva esa relación amorosa. De modo muy sutil (una respuesta fallida a una pregunta literaria), la secuencia de apertura ya anuncia un cierto desajuste de intensidades entre ellas. Laura parece no encajar en el universo que envuelve a su amada

Kuosmanen acierta de pleno al tolerar que el posicionamiento herido, frustrado, impotente y serio que imputa Laura. Este sintoniza con el malestar meteorológico dominante, con la nula gentileza del ambiente en el que se embarca (las características del camarote, del vagón, la actitud de la encargada de éste) y, sobre todo, se manifiesta como absolutamente antitético al modo en el que es presentado Ljoha: lo último que ella necesita para sobrellevar con cierto sosiego la quiebra emocional que acaba de estallarle es el estruendo de un compañero de viaje borracho, tosco, de modos en principio temibles, con quien la posibilidad de empatizar se antoja casi tan irresoluble como la disipar de pleno el significado de un petroglifo de Múrmansk.

El film sorprende por la impecable verosimilitud con la que gradúa, atisba y hurga en el progresivo acercamiento protagónico al que se ve obligado a desarrollar. Kuosmanen lo captura haciendo mediar una calculada sensibilidad acechativa y una paciencia mostradora lo suficientemente amplia para que ningún giro de actitud resulte caprichoso o impostado. Escenas como la del intercambio de retratos en el restaurante del tren dan buena medida de esa vidriosa ternura. Lo borrascoso y lo frágil, la conformidad y la reyerta se amalgaman con tensión e incertidumbre, sin que en ningún momento el espectador tema por su sonrojo. Un tempestuoso viaje con destino a unos grabados milenarios situados en el Ártico concluye dirimiendo una expresiva reflexión sobre el misterio de los vínculos humanos. Las conjunciones afectivas y el imposible de su arqueología bien documentada…

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