Cosas Decimos Cosas Hacemos 1

Título original: Les choses qu'on dit, les choses qu'on fait 

Dirección: Emmanuel Mouret

Guion: Emmanuel Mouret

Fotografía: Laurent Desmet

Reparto: Camélia Jordana, Niels Schneider, Vincent Macaigne, Émilie Dequenne, Guillaume Gouix, Julia Piaton, Jean-Baptiste Anoumon, Fanny Gatibelza, Milla Savarese, Jenna Thiam, Claude Pommereau, Louis-Do de Lencquesaing, Lise Lomi

Nota: 8.4

Comentario Crítico:

Quizás la crítica especializada se ha apresurado muy raudo a catalogar la presente LAS COSAS QUE DECIMOS, LAS COSAS QUE HACEMOS como una obra ostensiblemente deudora de los modos y maneras del maestro Eric Rohmer. Ya resulta un poco cansino esas ansias por encontrarle un relevo a la genialidad intransferible de una magia, como la rohmeriana, tan imposible de ser siquiera mimetizada en el truco de la chistera con el conejo fuera sobre el que gravita su, eso sí hay que reconocerlo, muy influyente obra.

Las ganas de hacer de la instintiva alquimia fílmica reflexionada por el autor de PAULINE EN LA PLAYA un acervo con heredero definitivo está llevando a ungir como tal beneficiario a muchos realizadores a los que, quizás, no le haga ningún favor el peso de ese legado. Durante la última década le ha tocado esa tómbola al surcoreano Hong Sang-Soo. Este año, insistimos, tras el estreno de su último largometraje, las campanas parecen que están doblando por Emmanuel Mouret.Cosas Decimos Cosas Hacemos 3

Y pese que a lo mejor pudiere ser cierto que la autoridad del creador de EL RAYO VERDE merodee por entre los muchísimos chaflanes que delinea en su concurrido callejero estructural LAS COSAS QUE DECIMOS, LAS COSAS QUE HACEMOS, no lo es menos aseverar que la seductora luminotecnia que la atardece desde el primero de sus atisbos la diseña ella sola. No la pide prestada al maestro. Sabe abastecerse de sinuosa fluorescencia declinante y taimada. La delicia de Rohmer no hay quien la rebata. La de este astuto relato de relatos, tampoco. Es delicioso per se, como manda el canon de los placeres emanados como por arte de truco no visto.

El modo en el que el film se las ingenia para orquestar el constante germinar de brotes y rebrotes de confesiones expositivas declamadas como necesidad absolutamente irremplazable por parte de la voz que las expone se convierte en el enigma más gratificante de su visionado. La atracción de escucharla emana de la facilidad con la que asume el artificio de construirse como un film brotante, timorato y descarado, sutil y pícaro al mismo tiempo, ligero como un dardo, punzado como la diana sobre la que este acierta a dar en el centro.

LAS COSAS QUE DECIMOS, LAS COSAS QUE HACEMOS apenas sí tarda en evidenciarse como una fábula contemporánea que corre a remojar su sed de parlamentos y soliloquios en las aguas de los cuentos de las mil y una noches. Cosas Decimos Cosas Hacemos 4Todos los personajes exigen el derecho a referir, rememorar y extenderse en su oportunidad dentro de esta república Scheherezade con el francés haciendo de lengua oficial y de celador de cortesías.

Y todos, también, aprovechan esa licencia para, por un lado, aportar a la narración global una puntualización enriquecedora y, por otro, para obligar al personaje que hace uso de ese privilegio que le otorga el detenimiento prestado a repensarse, a intentar convencer al espectador de que en ese momento se ha quitado una máscara.

Surge de inmediato la idea de la representación como facultad inherente a todo comportamiento humano. Y, desde luego, aplicada al contexto de un tipo de narración tan consciente de su profundidad reflexiva con respecto al universo de los afectos (que llega a su cúspide con la intervención del personaje interpretado por Émilie Dequenne con una sobrecogedora templanza), lo que se explicita con paciente agudeza es la idea de teatralidad inconsciente  que conlleva todo proceso amatorio.

Amantes y amados, en el fondo, no son sino personajes que recitan un diálogo, que interpretan, que enmascaran su identidad, descartándola cuando principia o sacude un proceso de seducción. En el juego de gustar y ser gustado, vale todo menos la verdad. En esta incesante LAS COSAS QUE DECIMOS, LAS COSAS QUE HACEMOS Mouret sabe pintar el telón perfecto para que sueñe tras él la noche de verano que todo amor anhela como decorado de fondo. 

 

 

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